Topografía del borrado

Topografía del borrado

Gabriela Bettini
10 Sep - 14 Nov 2020
Madera, 23

Sabrina Amrani se complace en anunciar Topografía del borrado de Gabriela Bettini, la primera exposición de la artista en la galería, para Apertura Gallery Weekend. 


Topografía del borrado es un canto a la naturaleza y al mismo tiempo una crítica profunda hacia la relación del hombre occidental con ella. Los paisajes de Gabriela Bettini nos transportan a los museos de historia natural, al paisaje enlatado en los dioramas, a una naturaleza que se exhibe encapsulada junto a especies disecadas, extinguidas o en peligro de extinción, que no viven ya en sus hábitats naturales porque estos también se extinguen bajo la bota del monocultivo intensivo. La artista denuncia no solo el grave desacierto de tratar de poseer la tierra sino también el afán de transformarla, de forma masiva, en un campo de cultivo para cubrir nuestras necesidades e incluso más allá, el enriquecimiento de grandes corporaciones. Bettini denuncia el derecho que el hombre occidental se ha atribuido para explotar el mundo y todo lo que vive en él: tanto vegetal como animal.


El delicado trabajo de la artista nos acerca al mundo de los pioneros de la pintura botánica científica y/o paisajista en una época en que se sufragaban expediciones que se extendían por todo el globo y que tuvo su momento álgido en el siglo XIX. Estas expediciones iban al ‘rescate’ de un mundo escondido y remoto, más allá de los límites dominados por el hombre occidental, para traerlo ante los ojos del público de las principales ciudades de la civilización. La fórmula, bien conocida, era y sigue siendo el diorama. “Los dioramas de hábitats clásicos provienen de una larga tradición de recolección y muestra de especímenes naturales. Sus tres componentes principales son: los animales en taxidermia; el primer plano, que incluye todos los detalles en tres dimensiones que acompañan a los animales, y la pintura de paisaje en un muro curvo, de esencial importancia para crear la ilusión del entorno, el espacio y la distancia”, explica Bettini. El trabajo de la artista recoge la fórmula del diorama e igual que éste representa a la naturaleza, Topografía del borrado desnuda la propia representación. Como si de un efecto Droste se tratara, las pinturas al óleo de Bettini diseccionan los paisajes del propio decorado en sí, dejándolos quizás en cierta evidencia.


Las especies en taxidermia que los poblaban, las verdaderas protagonistas, ya no están ahí como ocurre, probablemente, en el mundo real que estas cápsulas pretenden copiar.


“El libro Windows on Nature, publicado por el American Museum of Natural History, explica que los dioramas nacieron como respuesta a la creciente conciencia que la vida salvaje y los ecosistemas frágiles despertaban en el público”, señala la artista. Según este libro, los dioramas fueron creados para promover el amor y la preocupación por la naturaleza. Y a pesar de que aseguraba que el objetivo era proteger y preservar, la paradoja es que en aquellas expediciones, unos se dedicaban a pintar mientras otros se consagraban a la caza de ejemplares animales de todo tipo. Estas grandes caravanas sufragadas en nombre de la ciencia y el saber se dedicaban a capturar paisajes y animales por igual, a hacerlos suyos, en una suerte de representación exenta de vida. La vocación divulgativa y conservacionista que se proclamaba adquiría una dinámica perversa con la diezma de ejemplares, la irrupción y desnaturalización de los propios hábitats. Más que entender y proteger la naturaleza, el hombre occidental creaba una representación muerta de ella en un intento de posesión. Las tierras conquistadas se convertían en un decorado de museo, un suvenir de expedición. “Los fondos paisajísticos de los dioramas son el punto de partida de una serie de pinturas de gran formato en las que toda la atención se desplaza al momento de construcción del artificio de la naturaleza mediante la pintura de paisaje”, explica Bettini.


Paradójicamente, da la sensación de que a medida que los museos se han ido llenando de suvenires, el mundo se ha ido vaciando de su alma natural. La conquista del medio implica una transformación, una domesticación que se traduce muchas veces en el monocultivo. Tomando como referencia las reflexiones de Los monocultivos de la mente, de Vandana Shiva, Gabriela Bettini representa su preocupación por la biodiversidad y las culturas del sur global sustentadas en ella, amenazadas por el proceso de borrado de todo aquello que no se adecúa al modelo hegemónico noratlántico. La propuesta de la artista recoge por un lado la idea del proceso de organización y archivo museístico y, por otro, el de borrado y desaparición silenciosos de todos los elementos disidentes a la domesticación: grandes mamíferos, aves e incluso los propios enclaves naturales.

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